El diagnóstico definitivo de la diástasis de rectos se realiza mediante una evaluación clínica especializada. El médico realiza una palpación cuidadosa para medir la separación entre los músculos y verificar la firmeza de la línea alba.
Complementariamente, se suelen emplear pruebas de imagen como la ecografía de pared abdominal, que es la opción más recomendada por su precisión, accesibilidad y ausencia de radiación. En algunos casos se utiliza la resonancia magnética para valorar estructuras profundas y planificar un tratamiento más detallado.
El diagnóstico correcto es fundamental para decidir si se puede abordar con fisioterapia o si requiere intervención quirúrgica, especialmente en casos con síntomas funcionales o estética comprometida.
Opciones de tratamiento para la diástasis de rectos abdominales
Tratamiento conservador
En casos leves o moderados, especialmente cuando no hay hernias asociadas, el tratamiento inicial es conservador y se basa en trabajo fisioterapéutico. Los ejercicios hipopresivos y de fortalecimiento del core se han mostrado efectivos para reducir la separación y mejorar la función abdominal.
El acompañamiento de un fisioterapeuta especializado es clave para evitar hacerlo de forma incorrecta, ya que ciertos ejercicios tradicionales podrían empeorar la diástasis. El objetivo es recuperar la fuerza y estabilidad muscular, mejorar la postura y aliviar los síntomas asociados.
Tratamiento quirúrgico
En diástasis severa, con una separación mayor a 2-3 cm, o cuando no mejora con el tratamiento conservador, la cirugía de abdomen es el método indicado para corregirla. También se recomienda intervención cuando existen hernias o un exceso importante de piel y grasa abdominal.
Las técnicas quirúrgicas pueden variar según el caso:
Abdominoplastia con reparación de la diástasis: se corrige la separación mientras se elimina el exceso de piel y grasa para remodelar el abdomen. Se realiza mediante una incisión suprapúbica disimulada y garantiza un resultado estético y funcional.
Reparación por línea media: consiste en suturar los músculos rectos para aproximarlos, con o sin el uso de mallas de refuerzo, a través de una incisión pequeña.
Cirugía laparoscópica o endoscópica: técnicas mínimamente invasivas con pequeñas incisiones y menor tiempo de recuperación, ideales cuando no hay exceso cutáneo.
Tras la cirugía, el paciente utilizará una faja de compresión y seguirá un proceso de recuperación guiado que incluye control del dolor, fisioterapia y seguimiento médico para evitar complicaciones.