Después de la abdominoplastia, la zona operada suele presentar inflamación, enrojecimiento y sensibilidad, lo cual es normal. Por ello, se protegen las incisiones con vendajes y, en ocasiones, se colocan drenajes para evitar la acumulación de líquidos. Además, se recomienda usar una faja compresiva durante las primeras semanas para apoyar la pared abdominal y limitar movimientos que puedan tensar la cicatriz.
El proceso de cicatrización es progresivo y puede durar varios meses. Durante las primeras semanas, es fundamental mantener la zona limpia, evitar la exposición directa al sol y abstenerse de realizar actividades físicas intensas o levantar peso. La higiene debe realizarse con productos suaves, evitando frotar directamente las heridas para no dañarlas.
Conjuntamente, el seguimiento médico es esencial para controlar la evolución y detectar posibles complicaciones, tales como infecciones o seromas. En ese sentido, el especialista puede recomendar cremas o tratamientos específicos que favorezcan una cicatrización óptima y reduzcan la visibilidad de la cicatriz con el tiempo.